#SinCienciaNoHayFuturo

Voluntad de poder

Raúl Mendoza Cánepa

Publicado: 2020-10-15

Es un ensayo novelado que no es nada reverente con los tiempos que vivimos, Pedro Domingo (Panamá, 1944), juega con los estereotipos de lo que llama "la generación de cristal", un mundo en el que se deben seguir las pautas de lo políticamente correcto y en el que la libertad de expresión y hasta el humor se ha reducido en nombre del "sagrado respeto" al otro. Domingo forma parte de esos escritores que han seguido las pautas de lo que él llama "la nueva moral", pero discrepa de los vigilantes de aquellos nuevos santuarios, los reductos de una moral que divide al mundo en "buenos" y "malos". 

El ensayo novelado discurre sobre el miedo, el superhéroe nietzscheano, la moral de esclavos y la superación en el camino al nuevo hombre en una sociedad dominada por Augusto Rocha, un dictador que reordena la vida, pero también las formas de mirar el mundo. 


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El ensayo novelado se inicia con una interpretación de la obra de Nietzsche, pero se desvía pronto hacia la historia de Augusto Rocha.
Sí, trata sobre el deseo de dominación del protagonista, cuyas ideas liberales se transforman, dan un vuelco en uno de los momentos más oscuros de su vida. Lee toda la obra de Nietzsche, la siente, se sabe parte de esa manada débil a la que el filósofo odiaba, los débiles y él mismo han sido su mayor problema. Rocha es un simple funcionario de una oficina de correos, queda despedido y experimenta el terror de no estar ubicado, de no pertenecer. Una imagen simbólica de la historia es cuando quema sus libros de Locke, Montesquieu, Adam Smith y todo lo que para él había significado civilización. 
El protagonista piensa mucho y celebra el triunfo de la nueva moral que ha asumido, tanto que sus fobias desaparecen. Mussolini es su nuevo héroe ¿Por qué los libros influyen de esa manera en él? Además lee El Anticristo, él que venía de un hogar católico, además.
Él entiende que hay elementos de su cultura que lo han hecho proclive a la debilidad, teme al infierno, teme a muchas cosas. Sufre de un trastorno de ansiedad generalizada que, en ocasiones, le impide respirar. Tiene cuarenta y cinco años y ha pasado gran parte de su vida como un cautivo de sus propios temores. Entonces llega la guerra y él se esconde en su casa. A la vez, su mujer lo ve con desprecio, como un desertor temeroso. Se siente muy pequeño y poco digno, se examina y descubre con los libros de Nietzsche que es necesario que muera el hombre anterior para que surja el nuevo, el superhombre, el que crea su moral y rige, el patrón del poder y de la guerra. La lectura cala en él, que además descubre la música de Wagner. El paso del liberalismo clásico a esta suerte de fascismo patriota y activo es muy extraño, forzado y, a la vez, eficaz.
Él se transforma, se enrola en el ejército y gana medallas
No está dispuesto a seguir siendo lo que era, había perdido mucho y nace la voluntad de poder. De la angustia por la falta de control de las situaciones pasa a una extraña convicción de control. A diferencia del filosofo, Rocha no abandona la idea de Dios, la superpone y entiende la omnipresencia como un "Dios dentro" que nos convierte en reyes o príncipes, el hombre no debe ser un reptil sino volar y reinar con todo ese poder que Dios tiene y que lo habita. Del camello al león, no, para Rocha es el paso del animal que repta al águila. El materialismo nietzschiano es dejado de lado, tanto así que el superhombre es más como un semidios de la antigua Grecia, y eso es lo que debemos ser para dignificarnos. Rocha es teísta y no ateo, pero no entiende el sufimiento esclavizante, la idea de ser hijos de Dios es ser vencedores y disfrutar de la excelsitud, belleza y sabores del mundo.
Él se afilia a un partido fascista o a algo parecido y gana terreno. El frágil y temeroso Rocha es ganado por una inspiración mágica. Es más, ya no le teme a nada.
El Partido de la Patria lo recibe, es uno más, pero comienza a florecer en él la palabra. Se convierte en un orador extraordinario, hipnótico. Hay episodios que nos vuelven a las tabernas alemanas donde Hitler seducía con su verbo encendido. La palabra es, en términos de Rocha (que reflexiona mucho) un fuego que avanza y arrasa y que no se detiene si persistes. Si capturas la atención de un grupo, lo harás pronto en un partido y más adelante en una nación. Unas páginas nos trasmiten las cualidades de un perfecto orador político, de uno que juega con el ritmo, la oratoria es música; él lo entiende así. Llega a ser un dictador que manda sobre un país durante quince años. Solo la edad le convence que quien debe continuar su obra son sus hijos, que se alternan en el poder durante veinte años. Su país, ahora un imperio que ha ganado territorios, encuentra su grandeza en una filosofía del poder.
La idea del hombre fuerte ha sido una tradición en América Latina, la novedad es el proceso psicológico que lleva a un hombre perdido hacia la cumbre de un dominio que jamás soñó tener.
En realidad, más que la biografía, importa el análisis de la filosofía de Nietzsche, que es la carnecita del libro, porque las reflexiones de Rocha son geniales, superan lo que el filósofo escribe para ahondar en la fragilidad humana, sobreponerse con la filosofía y ser casi un ser mágico. El tema no es material, digo, que es lo que emparenta al filosofo de la ley del eterno retorno con Marx. Rocha representa al triunfo del espíritu y de la vida, de ambos o ninguno. No es solo la moral del nuevo hombre, sino el descubrimiento de la divinidad y el empoderamiento del hombre. Quizás un católico resista al libro, pero quien se acerque a los razonamientos bien hilvanados del protagonista, sabrá que Dios no nos exige ser reptiles, quiere liberarnos de ser reptiles, que es lo que somos cuando nos sentimos distantes de él.

Escrito por

RAÚL MENDOZA CÁNEPA

Abogado graduado en la Pucp, life coach, ha sido periodista del diario El Comercio y es autor de diversos libros de política, literatura..


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