sin ciencia no hay futuro

Raúl Mendoza Cánepa

Mundo paralelo: El escritor en Camelot

Publicado: 2020-10-14

La historia que nos narra el novelista argentino Moni Perossi (Buenos Aires, 1978) es la de un escritor que tras ser despedido de un diario vuelve a él luego de varios años, esta vez bajo otras condiciones. En un tiempo de crisis, él logra ver el trasfondo y urde un plan para rescatarlo desde la dirección. La historia nos recuerda a la del Gran Gatsby, pero el protagonista, extraviado en una nueva vida de lujos (habiendo, años atrás, tocado el sótano de la desesperación)nos da una lección de heroísmo y fe en tiempos en tiempos de desesperanza y desazón. Manuel Depuy es, además, un escritor cuya fama se acrecienta. 


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Moni, la novela tiene visos de poca verosimilitud, ese es su peor defecto, qué lo hace creer que una narración puede superar la lógica de los acontecimientos. Depuy es despedido de El Universo y pasa años tratando de recolocarse, es un escritor sin fama y nada hace presagiar que se recuperaría, ni él ni el diario o ni él en la cabeza del diario.
Es curioso que no me pregunte por el título de la novela, pero es un símbolo. Depuy escribe notas en la página editorial de El Universo, que por entonces aún no ha entrado en crisis terminal. Él es escritor y, como tal, también escribe artículos sobre literatura actual, reseña libros y entrevista. Frisa los cuarenta años, tiene una esposa, cinco hijos pequeños y razones suficientes para preocuparse del futuro porque sabe que el viernes habrá un nuevo director y que no lo tiene a bien. A veces ocurre que, simplemente, no le caes bien a alguien. El lunes, antes del fin y cuando ya temía lo peor, Depuy camino al edificio de El Universal, se da con una página rota de la edición anterior ¿Qué hay en esa página rota? Una publicidad de seguros de carros, se ve un Volkswagen y una nota que dice: "Hijo, asegura tu auto, nunca sabes cuando lo vas a perder". El padre de Depuy muere dos días después tras colisionar su volkswagen blanco con un camión. Él no avisa a nadie. El viernes es despedido, el nuevo director lo había decidido, hasta podría decirse que era una determinación bastante previa, años previa.
Y la herencia del padre
Sí, la herencia del padre es magra, pero le sirve para sostener a su familia un tiempo. Se dedica a trabajos precarios y abandona la literatura y el periodismo. Un año después de su salida del diario, éste entra en crisis y se derrumba, da coletazos, se habla de su fin, se reduce en ejemplares. Hay un proceso de autodestrucción. Cada decisión que se toma arriba solo acelera el proceso. Depuy vive una crisis en paralelo. Su vida transcurre en largas caminatas solitarias dilucidando el futuro.
Lo curioso es que el escritor vuelve a narrar, se forma viendo películas y leyendo, pero conoce a William Blake y el misticismo y también la Metafísica. Su rumbo ya parece otro. Todo hace presagiar que él y el diario nunca se van a reencontrar.
Se reencuentran, sin más detalle, por azares del destino él llega a ocupar la silla del director y toma una serie de decisiones que son exitosas en medio de un contexto que advierte que ya nada se puede hacer, pero él lo hace con sus ideas revolucionarias de la prensa. Es un manual de dirección periodística, la novela da señas de las rutas a seguir en medio del universo digital que lo ha invadido todo.
Descubre el poder de la marca y de la publicidad subliminal. Muchos viejos lectores vuelven y captura nuevos nichos, siempre tradicionales. Hay un espíritu de tradición que sobrevive. Depuy usa ese poder y rescata a El Universo.
Se elevan las ventas, el éxito llega y es absoluto. La vida de Depuy cambia, ahora es también un escritor, pero también un hombre de cocteles y embajadas. Gana premios literarios y algo dentro de él se transforma. Toca la riqueza y reconoce que sí hay algo de felicidad en la abundancia. El lector podrá en este caso percatarse que el boato regalado, las fiestas y el dispendio en medio del lujo nos acerca a la novela de Fitzgerald y no sabemos si el éxito ha sido realmente benevolente con él con lo que quedaba de él. La decadencia es oscuridad cuando se trata de la pobreza, pero puede ser lumínica aunque no benevolente cuando se trata de la riqueza.
Depuy desafía a las oligarquías literarias y luego a las sociales y políticas, es un contestatario.
Lo es cuando tiene el poder para destruir lo que considera perverso en su sociedad. Logra el poder político y lo cambia todo, pero esa es la parte de la novela que no conviene adelantar.
Se refiere al círculo de escritores de oro, una cofradía que le impedía el paso al inicio de su carrera literaria, es un renegado, lo que se dice "un resentido social" que hace una revolución que toca todas las aristas. La igualdad antes que todo. Después de todo, había estado años desempleado y había acumulado mucha pólvora en sus almacenes...figurativamente.
Mucha, sí. Destruye los viejos cenáculos y establece un mundo igualitario. 
Nos introduces el valor de la cultura del merito.
Es una edad de oro precisamente porque los "mejores" son los que erigen la cultura y ganan todos los espacios de la sociedad y la política. Él lo logra, pero muchos dicen que esa suerte no es verosímil y a eso te referías antes. Quizás creas que es una utopía. Para eso sirve la literatura, para soñar con mundos justos, donde...
Donde los mejores ganen, donde el bien gane al mal, donde...
Donde los sueños se pueden cumplir. Llámalo utopía si quieres. Depuy triunfa plenamente, en diversos ámbitos campea ¿No es un bello ideal? Sino para qué escribimos. Ya la narrativa lloró demasiado y la novela es la mejor venganza, cuando no el mejor pañuelo para borrar las lágrimas...y el pasado.

Escrito por

RAÚL MENDOZA CÁNEPA

Abogado graduado en la Pucp, life coach, ha sido periodista del diario El Comercio y es autor de diversos libros de política, literatura..


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