sin ciencia no hay futuro

La importancia de ser república

Raúl Mendoza Cánepa

Publicado: 2020-08-12

Uno de los primeros proyectos republicanos fue el de Manuel Pardo, que quiso construir una república moderna desde donde nunca se había practicado: desde la civilidad. Lo que le faltó a Pardo fue una clase dirigente capaz de anteponer sus intereses al bien común. Quizás ese fue el déficit de 1821, cuando declarada la independencia, el poder y no el Derecho fue el eje que hizo girar la "política", que durante cincuenta años fue el dominio de los militares. La banda presidencial se obtenía en los campos de batalla.

Muchas normas virreinales regían y solo en 1852 se trabajó la primera norma integral moderna, el Código Civil. Pese a las nuevas regulaciones, trescientos años de poder español en estas tierras incidieron en que todo girara en torno al poder, desde los permisos hasta los privilegios. Así, la idea de "poder" en el Perú se consolidó en contraposición al ideal de ciudadanía. 

Los comerciantes y propietarios dependían del poder para la viabilidad de sus negocios. La regulación era un instrumento de dominación para decidir la suerte de unos y otros. Los consignatarios del guano, civilistas en gran parte, fueron los beneficiarios de ese Estado mercantilista que validaba su intervención en una suerte de proteccionismo a la inversa, porque en teoría se protege lo que racionalmente requiere salvaguardas de sobrevivencia. Así, el mercantilismo y el oligarquismo tienen el mismo sello y raíz. Podríamos extrapolar el sistema de consignatarios con el dólar MUC en los 80. Bajo cualquier régimen de gobierno, el Estado elabora sus pautas para dar pie a lo que ya tenía pie, mientras millones de ciudadanos son forzados a ser espectadores de una historia en la que ellos sí debían sobrevivir compitiendo y, cuando no, reduciendo la gestión ante la entidad debajo de la mesa, recurriendo a la coima o el embute. 

Cuando una gran empresa deja de pagar impuestos o recibe ingresos de salvataje, volvemos a los consignatarios del siglo XIX. Cuando una mediana o pequeña empresa es cerrada o multada por no pagar impuestos o no someterse a intrincadas reglas municipales, volvemos al mismo esquema del siglo XIX (cuando el sufragio era censitario, los indígenas pagaban tributos impagables o la creación de riqueza dependía de las haciendas). Cuando un municipal corre tras la carretilla de un informal, sobreviene la imagen del hacendado de la sierra enganchando "esclavos" para sus tierras. El feudalismo, el mercantilismo, la exclusión, las trabas a los pobres, es solo más de la misma porción. En ese punto el centro político coincide en parte con el liberalismo y con la socialdemocracia.  La libertad es una garantía de la ley como lo es la igualdad de oportunidades.

Uno de los reclamos (sin minimizar la importancia de la minería) de los últimos años, es la traba de las grandes inversiones. El Ex Presidente de la PCM enfatizó en las minas durante aquel discurso que no pasó la valla del voto congresal. Se centró en la gran inversión, pero ignoró o dejó de lado que las Mypes tienen en promedio una corta vida y proveen suficiente PBI y empleo para no quedarse al final de la cola. En parte fracasan porque no remiten un plan de negocios y en mayor medida porque se ahogaron por las exigencias legales o infralegales que les impidieron ahorrar, asumir costos y capitalizar. Para sobrevivir en la economía peruana de mediano capital no hay que ser ilegal, pero sí jugar el partido del menor costo al margen de la legalidad....y no es la ley del menor esfuerzo. 

 



Escrito por

RAÚL MENDOZA CÁNEPA

Abogado graduado en la Pucp, life coach, ha sido periodista del diario El Comercio y es autor de diversos libros de política, literatura..


Publicado en