sin ciencia no hay futuro

Las buenas dictaduras

Augusto Cáceres Viñas

Columnista invitado (Augusto Cáceres es alcalde de San Isidro por Acción Popular - de: https://www.facebook.com/Adelante.pe)

Publicado: 2020-06-10


¡Chino, contigo hasta la muerte! Coreaban los adeptos del general Velásco. ¡Chino, Chino Chino! Hacían lo propio los de Alberto Fujimori, dos de los más recientes y representativos dictadores del Perú.

Coincidentemente ninguno de estos era verdaderamente chino, uno era de Piura y el otro, de ascendencia japonesa, y hasta donde sabemos nació en Lima. Así que de chinos no tenían nada.

A Morales Bermúdez, otro dictador, que derrocó a Velásco, porque el que a hierro mata a hierro muere, se le conocía por su frase, “el flujo y el reflujo”, con la cual pretendía explicar algo, sin llegar a explicar nada en absoluto.

Manuel Odría, un dictador más antiguo, instauró el 27 de octubre, día de su golpe de Estado, como el de la restauración nacional, fecha que, en honor a la verdad, no restauró nada, lo hizo para celebrar el día que usurpó el poder. Permítanme en este punto hacer un símil; el general Juan Velásco inmediatamente luego de su golpe, también implantó su día, el de la dignidad nacional, que era el 7 de octubre, día en el cual entró a las instalaciones de una petrolera gringa, compañía a la que, poco después le entregó por debajo de la mesa 140 millones de dólares, así que de dignidad, nada de nada.

Augusto B. Leguía, dictador aún más antiguo que los otros, se pasó 11 años en el poder, gustaba del boato y la parafernalia, le decían el león del Pacífico y gustaba de perseguir, exiliar y fusilar a sus opositores, fue el responsable de entregarle a los colombianos la friolera de 100 mil de Km2 de nuestra Amazonia y terminó muriendo en la cárcel

Podríamos ir, aún más atrás en nuestra historia y nos encontraríamos con un sin número de golpistas y dictadores, cada quien con su justificación bajo el brazo, junto con el descalabro personal y nacional que provocaron, pero no, me centraré en los dos últimos.

Alberto Fujimori, que con su “frase Disolver, disolver” el congreso, configuró un nuevo tipo de golpe, el llamado auto golpe, él azuzó y solivianto a la población en contra del congreso durante dos años y el 82% de la población peruana de ese entonces aplaudió el golpe y le concedió poco tiempo después un parlamento servil, que le dio su constitución, lavándole el rostro y legalizándolo momentáneamente. A partir de ahí, la dictadura fujimorista se consolidó y se comportó como todas y cada una de las anteriores, el resultado; la quiebra moral de la nación, gran corrupción en todos los niveles del Estado y el descrédito de la política y los políticos. Como otros varios termino mal, y pasa sus últimos años en prisión.

Hace 5 meses Martín Vizcarra, de igual manera que su mentor intelectual, por decirlo de alguna manera, luego de desprestigiar y machacar al congreso, que méritos propios hizo, como en 1992, llevo la astucia de Fujimori a una mayor y retorcida sofisticación; la negación fáctica, con lo cual recibió el aplauso multitudinario de una manipulada población, y tal como Fujimori en 1993, Vizcarra consiguió, como el Chino, el multitudinario apoyo en las urnas, eligiendo, como él quiso, un congreso fragmentado, utilitario y servil. Por ello, estamos viviendo hoy el pico y meseta de Vizcarra, como Fujimori lo tuvo en 1993. Mientras tanto en medio de una pandemia sin precedentes, como Fujimori tuvo al terrorismo, el país se desangra, como entonces, sin percatarse de lo que realmente sucede y de lo que vendrá después.

Las dos ultimas dictaduras, junto con las 18 anteriores de nuestra casi bicentenaria vida republicana nos demuestran que, como ustedes intuyen, no existe ninguna dictadura buena y que, más a la corta que a la larga, solo traen tristeza, dolor, atraso, más pobreza y desigualdades

El peor gobierno democrático siempre será infinitamente superior a cualquier tipo, o forma de dictadura

Por lo tanto, sólo me resta concluir que, lo bueno de las dictaduras empieza cuando estas terminan.


Escrito por

RAÚL MENDOZA CÁNEPA

Abogado graduado en la Pucp, life coach, ha sido periodista del diario El Comercio y es autor de diversos libros de política, literatura..


Publicado en