sin ciencia no hay futuro

La adherencia de lo pendiente

Raúl Mendoza Cánepa

Publicado: 2020-05-25

Vivimos sumidos en el misterio. Cuando sabes que hay un puente que conduce a alguna parte y nunca la conociste, te montas y lo cruzas porque la humanidad no comulga con los círculos abiertos. El rencor es un círculo abierto, otra adherencia que devora la psique para convertirse en una herida abierta que no coagula. Las cicatrices son medallas de guerra, señalan que un círculo de tu vida se ha cerrado.

¿Has cerrado todos tus círculos? A veces es una vocación que se dejó y queda allí y no la puedes desinstalar. A veces es un sueño de amor o abundancia que está allí, lejos de tus ojos por más que corras tras ellos o hayas renunciado a correr. Esperando a Godot, de Beckett, me recuerda a esos pendientes que quedan para toda la vida y los sientes, pero no tienes idea cabal de qué es lo que esperas en realidad.

Ocurre que una mujer (o un hombre, para la mujer) suelta solo un 10% de una confidencia, sabes que sufre, que se le rompió el corazón, y la flor de ese secreto está en el fondo de un pasadizo que nunca atravesarás, quizás no por ella o él sino porque algo se quedó a medias, el secreto incólume, la ayuda que no se te dio la oportunidad de dar. No es amor sino esa adherencia amable de saber que algo se quedó en el camino y que el cofre nunca se abrió, pero debes marchar o no volver. Los corazones rotos son también esa incompletud, valga la licencia. 

Pendientes son los viajes que no se hicieron, los paisajes que pasaron sin que pasaras por ellos, el pedazo de mar que no tomaste con tus manos, el manjar que cubriste para mañana, el odio, el dolor no curado, las interrogantes sin solución, la sabiduría.



Escrito por

RAÚL MENDOZA CÁNEPA

Abogado graduado en la Pucp, life coach, ha sido periodista del diario El Comercio y es autor de diversos libros de política, literatura..


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