¡lluvia de millones!

Thomas Jefferson

Liberalismo, progresismo

Raúl Mendoza Cánepa

Publicado: 2019-07-16

Resulta difícil distinguir actualmente las diferencias entre algunas maneras de ver el mundo. El liberalismo y el progresismo coinciden en las libertades civiles (salvo el aborto, que es un tema de conciencia jurídica), pero no en la injerencia del Estado en nuestras vidas.

El liberal debiera creer en el laicismo como el progresista, aunque profesen una fe. El liberal debiera rechazar el aborto, entendiendo la separación entre dos entidades diferentes (la madre y el hijo por nacer). La libre disposición del cuerpo solo atañe a la vida propia no a la que se nutre, pero no es nuestro cuerpo. El progresista entiende que la libertad confiere el derecho a disponer de una vida ajena, a la que entiende como parte del cuerpo. Error de entendimiento.

El liberal cree que la justicia es "a cada uno según sus capacidades" y no "igualdad de oportunidades", salvo en la etapa formativa y en lo que atañe a la educación. Para un liberal es necesario poner el énfasis en la formación de los niños de ambos sexos. La competencia en el mercado o en la vida definirá la justicia de la victoria de cada quien, sin privilegio ni protección en la carrera. Sería injusto colocar ruedas en los zapatos de un individuo socialmente protegido para que no tenga las desventajas que un competitivo corredor tiene por naturaleza y preparación.

El progresista cree en el empoderamiento legal, el liberal cree en la igualdad formativa y en la no discriminación arbitraria. "Arbitraria" supone una falta de racionalidad en la elección. Una empresa naviera elige, de entre veinte, a los diez más fuertes y no a los más representativos de una población porque la tarea es cargar como estibadores del puerto sacos de 40 o más kilogramos. Otra empresa necesita personal que tenga otro tipo de capacidades, quizás no tan burdas, allí donde los rudos estibadores sean contraproducentes. 

El liberal cree en la libertad sexual, el realista ve dos sexos según los referentes de la ciencia. El progresista procura ser inclusivo y forzar las categorías según el postivismo jurídico progresista. Al margen, el liberal no tendría por qué oponerse al matrimonio homosexual o a cualquier otro tipo de unión en par o colectiva, respeta las orientaciones, no las promueve. El derecho a la búsqueda de la felicidad excluye al Estado, el que no puede dictar las pautas de cómo ser felices, al punto que no deberían ser los municipios los que se encarguen de los matrimonios civiles sino las notarías y de acuerdo a un contrato privado. Ni los progresistas ni los liberales deben entrometerse en las reglas del Derecho Canónico.

Para el liberal el Estado debe ser pequeño, pero fuerte para contener toda fuerza que se oponga a una vida en libertad (económica, individual, religiosa, cultural). El progresista asume que hay criterios superiores al del bienestar general de un país que permiten a cualquier grupo paralizar las inversiones, muchas veces cohabitando el espacio del conflicto con coaliciones ideológicas que se oponen al mercado.

El liberal cree en la soberanía del individuo, el progresista en la ciudadanía. La soberanía individual es integral, el individuo consume, gestiona su felicidad, también vota. Para el progresista, la soberanía es ciudadanía, restringe a la política la visión integral del mundo.

¿Es usted liberal o progresista?


Escrito por

RAÚL MENDOZA CÁNEPA

Abogado graduado en la Pucp, ha sido periodista del diario El Comercio y es autor de diversos libros de ciencia política, literatura, etc.


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