Las carencias en el Perú nos mandan a atender los contenidos de la política antes que la lucha por el poder. Lamentablemente, desde los albores republicanos el conflicto fue más importante que el derrotero. Sin creerme el cuento de los acuerdos nacionales o las miradas únicas en un país de sesgos, al menos se debería propugnar un reposicionamiento de piezas.
el lugar del fujimorismo

Nada peor que el caudillismo que refiere un "ismo" personal o partidario y no ideológico. Por decir, el pierolismo, el aprismo (o hayismo), el fujimorismo. La sentencia es que en el Perú se siguen líderes o delfines que terminan haciendo de la política una competencia de personas y no, lo que debiera ser, una lid entre ideas.

Para ubicarnos, la existencia misma del fujimorismo es un factor divisor y ha polarizado al Perú desde hace veinte años produciendo fuerzas "pro" y, especialmente "antis", que han degradado la política, restando al debate de las ideas. Se tiene por cierto que el fujimorismo es la derecha, pero nada tiene de doctrina, como sí la tuvo el conservadurismo herreriano del XIX; lo que llama a reacomodar la política promoviendo una nueva derecha popular, una que diste del pasado y los cuadros naranjas, pero que reclute a los políticos, ideólogos e intelectuales de un conservadurismo pensante que se situé en el espectro al lado del liberalismo (¿Tenemos?), el progresismo centrista y de una izquierda moderna, distante de los desenfoques socialistas radicales y estatistas del siglo XX.

Solo con posiciones de ideas sobre las que se pueda deliberar en todas las tribunas, el Perú conocerá el debate y dejará de lado la marcha de la plaza y el bocinazo que acalla, pero no dice nada .