Nada es más repudiable que el periodismo predispuesto. La predisposición es la tendencia a traicionar la propia posición, la genuina, por una emoción o interés previo a la manifestación. El opinante que odia, el que es pagado para asumir una línea, el que miente por temor...Si la verdad, entendida como la concordancia entre el verdadero pensar y sentir con lo que se dice o se escribe se da por ausente, quizás el periodista sirva más para vender acciones que para difundir las noticias y opinarlas.
el papel del periodista

No es que el periodista carezca de posición, todo ser pensante la tiene aún cuando no acostumbre organizarla. Si embargo, en el periodismo, la sinceridad antecede a todo y por la verdad, el periodismo auténtico puede señalar las virtudes del adversario, cambiar de posición, reconocer el propio error, ser autocrítico (premisa de la humildad que todo hombre de prensa se debe). Por ser congruentes, los periodistas de hechos exponen lo que ocurre aunque no convenga a sus intereses o ideología. 

La prensa es el medio, la consecuencia entre el pensamiento y la expresión es el periodismo. Así, todo director, todo redactor o editor, debe siempre llevar la carta de renuncia en el bolsillo. 

No es una profesión liberal ni es un oficio sino un apostolado. Dirán que el término trasciende y que hay en toda trascendencia algo de huachafería. Pues, sí. El periodista verdadero nunca cruza la línea para encontrarse con el dueño del medio ni con los auspiciadores.

La verdad no cambiará al mundo si se acompaña del odio que la deforma, del interés que la estira, del miedo que la constriñe, de la censura que la destruye. En el desbarate de un mundo virtual que hace parecer verdad lo que es impresión y engaño, bastante falta hacen los periodistas; digo, los periodistas que lo son por mística y finalidad.