Marco Aurelio Denegri partió y dejó su huella de polígrafo infatigable, pero MAD, especialmente hablaba y leía hablando o hablaba como si leyera. Nos remitía al texto sin el libro en la mano o con él, recorriendo cada término como quien recorre un mapa. Eso es el saber, un mapa y él nos ilustraba y, en ocasiones, nos estimulaba a imitarlo. No hay mejor maestro que quien ama los libros y deja la impresión de que los ama por encima de cualquier cosa.
acucioso

Quizás por decir, por atribuir algo más o por el atrevimiento, el gran MAD juzgaría estas letras y lo haría con justicia y la autoridad de haber devorado libros, de haber hecho de su vida una disciplina del escudriñamiento de las palabras, de las citas, del conocimiento que no es aparente.

Sabía de todo, decían unos con razón, pero su mejor virtud no es que supiera sino que supiera bien, con esa precisión y rigor que nos exigía y que tornaba sus entrevistas en verdaderos desafíos. 

Que la enseñanza nos perdure como su memoria.