Publiqué recién un artículo en el que resentía esa falta de fe en la política y los políticos que nos lleva a buscar más allá de lo que hay. Quien merezca nuestros votos el 2021 no solo debe tener ideas claras y rumbo, sino también acompañarse bien ¿Qué es acompañarse bien?
congresistas y demás

Acompañarse bien es tener un conjunto de aspirantes a ministros que sean técnicos que lleguen a servir y sean transparentes, que no intermedien ni vean en el fajín sino la oportunidad de quedar en la historia. Quizás por allí es más difícil de definir qué es lo óptimo, pues ningún cargo es más fusible que el de Ministro de Estado.

Me refiero a los congresistas, a esa bancada de notables morales que elaborará las leyes, representará, fiscalizará y será la fuerza de equilibrio del Presidente de la República. Si eres aspirante a gobernar el Perú elige con filtros, que no se te escapen los que mientan en su hoja de vida, los que tienen mucho por explicar, los oportunistas dispuestos a trepar de combi en combi, los que carecen de principios e idearios, los que no sepan un mínimo de Derecho (o al menos, de lógica jurídica), los que carezcan de sentido común y crean que la lealtad es dejar que su líder camine al hoyo solo para no darle la contra. Elige a los que no se ganarán un apelativo fácil por sus malos consumos o hábitos, a los que sepan sensibilizar, al que tenga más aureola de santón que de bizantino, a quienes sepan razonar sin que les soplen al oído, a los que no tengan ánimo de manada sino vocación intelectual, al de las buenas maneras, a quien no responda agravios sino con argumentos, a quien no tenga un pasado (y sí un auspicioso futuro), a la decencia encarnada.

Hay de los que militan y hay de los que invitas. No te guíes por el nombre. No jales al molino las aguas turbias, tampoco a los que ya estuvieron en algún ministerio, nunca a los próximos o ex-aliados de los que se fueron con rabo de paja. Si apuestas por el futuro, apuesta por lo nuevo y no te la juegues en extrañas excusas. Hurga también más allá de los amigos, más allá del entorno, suma, no coloques muros, llama a los que nunca están, a los que la política asquea, a los que se van. Sí, a esos, porque no habrá mejores representantes que esos que odian la política, que tienen arcadas frente a las noticias, que han perdido la fe en todo, que se oponen a todo. Amar al sistema, no haber pensado en tirar todo por la borda para no ser político, por odiar la política, convierte a tu elegido en uno más de ese establo (este no es un lapsus) que odias, que él odia.

No esperes que las mentiras en las hojas de vida, la falta de feeling, decencia y formación de tu pupilo en el arte de hacerse a la política, termine por cobrarle la factura a tu representación. 

No repitas la historia, no menudees en Palacio, lee a Alfonso Quiróz (Historia de la corrupción en el Perú), ten claro lo que crees, ten siempre una respuesta en los labios y que el poder o la nombradía no ejerzan ningún influjo en tu alma. Saludarás al portero, al que limpia la platería de Palacio, encorvarás la espalda ante tu jefe (el ciudadano).

Si estás dispuesto a seguir cada línea, habremos de creer y la Historia (a contrapelo del escepticismo) cambiará en el Perú. Si tú lo crees, yo lo creo.