Sabía de su vocación por escribir y del gusto aventurero de viajar, de descubrir puertas y explorar. Sabía también que en Perú eligió la comida de calle antes que la de elite (sabía dónde está el sabor de un pueblo). Quizás usted sepa que escribo sobre Anthony Bourdain, quien tomó la opción del suicidio y nos sorprendió con un viaje que no admite vuelta.
se preguntan una y otra vez

Cuando se produce una muerte todos quieren indagar sobre la causa, solo que nadie se atreve a preguntar porque no es elegante ni sano. Cuando se trata de un suicidio el morbo es más poderoso aún y las especulaciones sobran hasta concluir en la aparente razón default por la que la gente se quita la vida: la depresión.

Nada hay más sensato que no hacerse preguntas sobre una decisión para vincularla a un problema de fondo que no sabemos si existía. Sin abrazar las explicaciones filosóficas del suicidio de mis ya manidas lecturas, solo resta dejarlo allí, no implicarla a una posible depresión y solo reducirse a asumir que hizo uso de lo que algunos consideran la libertad suprema.

La muerte no debe explicarse más que la vida y el suicidio nunca tornarse en un escándalo, solo recordemos a Bourdain en sus programas, vital, recio, de paladar franco, sencillo, descubridor de ciudades y sabores. Fue quien llevó la gastronomía a un nivel de exploración, como en los viejos viajes de descubrimiento. Se le extrañará.