La inversión pública, una de las pocas variables de la política fiscal, importante por su tamaño, ha venido cayendo desde el 2014. Hasta fines de 2017, la inversión pública a nivel de todo el Estado cayó 9%, siendo mayor la caída en la inversión del gobierno nacional (10%), y un poco menor en los gobiernos regionales (8.7%) y locales (6.4%).
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El gobierno de Martín Vizcarra ha hecho de la recuperación de la inversión pública su estrategia central para recuperar el crecimiento económico. Para que ésta estrategia tenga éxito, tendrá que superar varios retos, empezando por el hecho de apostar por una relación causal que no cuenta con evidencia sólida. Un segundo reto y más complejo, es lograr una eficiente gestión de la inversión pública, es decir, que las inversiones que se aprueben y financien sean las de mayor impacto y sean ejecutadas en plazos relativamente cortos, pues luego de que su predecesor perdiera casi dos años, Vizcarra está obligado a mostrar resultados antes de terminar este año. 

El manejo que hizo el gobierno de PPK de la inversión pública se parece mucho al el cuento de la llave de Nasrudín, sabio turco de la Edad media. En dicho cuento, Nasrudín buscaba su llave perdida bajo un farol y arrastró a sus vecinos a ayudarle en esa misión. Al no encontrarla, la gente le preguntó si estaba seguro que la perdió bajo el farol, a lo que el sabio respondió que, que sólo la buscaba allí porque había luz.

El equipo “de lujo” de PPK nunca entendió bien cómo se administra el Estado, más aún algo tan complejo como la inversión pública en un esquema político descentralizado. Entonces pensaron que con cambiar el SNIP por el Invierte.pe lograrían resolver el problema, porque era el aspecto que alcanzaban a ver. Algo muy parecido a Nasrudín buscando debajo del farol. Pero en mucha cuenta el Invierte.pe ha cambiado unos problemas por otros, de manera que los retos para gestionar eficientemente la inversión pública, persisten y no se solucionan con directivas.

En la evolución decreciente e inestable de la inversión pública, influyen varios factores. Por ejemplo, la elección de nuevos alcaldes y gobernadores regionales en 2014 explicó parte de la caída de la inversión municipal de 2015 en 24%, mientras que la inversión regional cayó ese mismo año en 8%, ambas con respecto al año anterior. Así también, la incertidumbre política que trajo las accidentadas elecciones generales de 2016, a la cual contribuyeron los escándalos de corrupción apenas empezado el nuevo gobierno, está entre los factores que explican la caída de 29% en la inversión del gobierno central de ese año, mientras que con ya autoridades asentadas, los gobiernos subnacionales aumentaron su inversión, en particular las municipalidades.

También hay otro problema de fondo que afecta a la inversión pública: la recaudación tributaria viene cayendo como proporción del PBI (lo que se conoce como presión tributaria) tres años consecutivos, desde 2015. ¿Cómo afecta esto a la inversión pública? Simple, si la recaudación es menor de lo esperado, no se otorgan los créditos fiscales aprobados en la Ley de presupuesto (que son máximos posibles) y, por lo tanto, la inversión debe posponerse, y las prioridades se reasignan para terminar favoreciendo el gasto corriente.

Es obvio que un simple cambio de algunos procesos con respecto al SNIP, que básicamente es el Invierte.pe, ya que el método de evaluación de proyectos no ha cambiado en absoluto (y no tendría por qué hacerlo) no puede hacer nada frente a los factores políticos o los eventos climáticos que afectan a la inversión. No obstante, se pasó por alto una variable muy importante que, incluso con eventos climáticos adversos, habría podido ayudar a recuperar hoy la inversión pública, si se hubiera atacado dos años antes. Me refiero precisamente a la capacidad de gestión de las inversiones. Si hubo una razón por la cual la inversión pública dejó de impactar la economía, fue porque las inversiones perdieron calidad y el MEF trataba de resolver eso con directivas específicas, volviendo al SNIP cada vez más enmarañado y difícil de controlar, lo que a su vez dio más discreción a las regiones y municipalidades. Dicho sea de paso, ni la PCM con toda su frondosidad de oficinas y “expertos”, ni SERVIR, sirvieron de nada para advertir o evitar el mal manejo de la inversión pública.

Paradójicamente, Invierte.pe exige a los gobiernos regionales y locales que hagan análisis de brechas sociales a fin de determinar cuáles de ellas irán a cerrar sus inversiones, y al pedir eso asumen que existen no sólo las capacidades, sino también la información para identificar y hasta cuantificar esas brechas, cuando nunca se hizo el trabajo previo de desarrollarlas.

Así las cosas, a menos que se incida sobre los procesos de gestión de las inversiones y no sólo se prevean cambios cosméticos de tipo normativo, el gobierno de Vizcarra estaría en riesgo de repetir el cuento de la llave de Nasrudín.

Enver Figueroa Bazán

Economista 

Especialista en políticas públicas

MPA | MPP | Economist

QA, ​​P olicymaking & Behavioral Economics