Tiene razón Alberto de Belaunde cuando dice que más importante que reclamar que se vayan todos, es reclamar que entren los mejores. No son sus palabras precisas, pero bien valen para el momento histórico que vive el Perú.
sin mancha

Es de esperar que el flamante Presidente Martín Vizcarra convoque a un gabinete que no responda a la clásica "ancha base", donde caben todos, incluyendo los políticos que ya están; sino un gabinete que responda con eficacia y decencia a los desafíos de los próximos tres años.

No es una transición, es una sucesión; pero no debe ser una continuación, por tanto, la validez de lo nuevo es que se gobierne con rostros e ideas nuevas y frescas. 

Odebrecht manchó la política peruana, con PPK fuera de Palacio nace la oportunidad de desjudicializar al Ejecutivo. Si bien el "que se vayan todos" era un llamado de indignación frente a la corrupción sistemática, es de recordar con el celebrado libro sobre historia de la corrupción en el Perú (Francisco Quiróz), que ella ha sido una constante y no es un invento de PPK o de Toledo o de Montesinos. Nos sigue como un lastre desde los albores de la colonia, participó en la lucha independentista e hizo festín de una república incompleta.

Martín Vizcarra no resolverá los males de una Patria que se hizo de embustes y saqueos, no hubo revolución alguna ni la habrá que limpie todo el establo; pero el compromiso de los nuevos políticos del futuro deberá ser el intento honrado de romper con los viejos esquemas ¿Cómo? Reformando el Estado para entregárselo al ciudadano.