El proyecto de Ley del congresista Mauricio Mulder sobre publicidad estatal en los medios de comunicación privados pone el dedo en la llaga, pero también nos lleva a pensar que sin una reformulación propia, el periodismo someterá su sobrevivencia a lo que el Estado siempre le pueda dar. O no han sabido gestionar empresas periodísticas o el periodismo impreso no es rentable.
¿puede llegar a ser rentable?

En un tiempo en el que las redes sociales son más efectivas para informar rápido (no bien) y en el que los periodistas ya no buscan la calle sino que se conectan para repetir el rumor, el periodismo dejó de ser efectivo para su función histórica. Comparar al "periodismo ciudadano 2.0" con el tradicional es como comparar una liebre y un elefante (a nadie le importa si la liebre es errática, llega más rápido). En los tiempos de la virtualidad y el tiempo real, todos quieren "saber" de inmediato. Los grandes diarios, con calendarios fijos de cierre y distribución, terminan siendo como libros de Historia, repitiendo lo que ya todos saben desde el día anterior. En una sociedad que no lee ni analiza, que solo acumula información en capsulas, el valor agregado de la opinión prestigiosa es prescindible. Por tanto, la información que los diarios ofrecen y sus análisis, sirven poco y servirán cada vez menos mientras no sepan adaptarse a una modernidad más parca y expeditiva.

Desconectado de las múltiples posibilidades de la celeridad tecnológica y aún sin entenderla, los grandes medios impresos tienden a depender de una publicidad privada esquiva (que empieza a migrar a Internet, y más precisamente a los móviles) y de una publicidad estatal que podría "condicionar" las formas de hacer periodismo.

El periodista y los directores de medios se enfrentan a un público que se ha transformado y no logran entender el proceso, abstraídos en lo que tienen que decir sobre los hechos al día siguiente. Diez horas es letal para una noticia, nadie lee libros de Historia.  El periodismo televisivo tiene más recursos, pero en el mundo del cable y de las opciones multiplicadas del zapping, también podría verla negra sin una buena dosis de publicidad estatal. 

El proyecto Mulder para restarles a los medios la publicidad estatal no solo debería llevar a una preocupación inmediata y tangible por el destino de los medios sino también a estos hacia un proceso de reflexión, deliberación interna, formación de equipos de análisis, reformulación del negocio y  creación de alternativas para justificar sus rentas ¿Se reúnen los consejos editoriales para buscar salidas al tema o solo para hablar de la coyuntura? 

No le digan a la gente que ustedes tienen la ciencia y la verdad, porque eso es lo que menos le interesa a una sociedad que busca la novedad y no la verdad del hecho, la "noverdad" o posverdad es fácil de retransmitir, se salta el cotejo, economiza, no pierde tiempo y todos la creen. Todos quieren ser periodistas ciudadanos y colaborar con una primicia antes que comprender el hecho. Todos quieren ser importantes y todos en su conjunto tienen el poder de la interconexión e inmediatez que un medio aislado no tiene. Ya quisiera que los medios locales me buscaran para pedirme amistad en alguna red social. Ellos esperan, no van tras sus presas. Sus administradores de redes no son un ejército ni están capacitados aún para vincular noticia y negocio.

Saber rápido, sin certeza, para ser el primero en retransmitir, es lo que mueve la voluntad del lector-periodista-internauta. Los diarios y los noticieros tienen otra desventaja: la falta de inmediatez. Lo escribí en un post anterior. Un gran medio está lejos del potencial lector, que no vive pegado a un televisor ni a un impreso sino a una pequeña pantalla de celular que le provee rápido de lo que quiere saber, esté donde esté. En ese terreno, los medios no se han sabido posicionar con aquello que precisamente hacen mejor que los cibernautas, informar bien (juega en contra el desprestigio que los empieza a tocar, lo que mengua su credibilidad). En esa fiera pelea entre profesionales y aficionados, estos parecen tener la ventaja ¿Falta de análisis de la modernidad tecnológica de los empresarios de la prensa? ¿Cero nociones de marketing para persuadir al público que la provisión informativa de los medios en las pantallas de celular debe ser posicionada en la mente de la gente como "la palabra final"? Y a todo esto, ¿qué han hecho los medios para llegar de manera ágil y aplicativa a los aparatos de celular? ¿Cómo compiten sus periodistas y bajo su sello en la gran red social? ¿Son los operadores oficiales de los medios? ¿Son hábiles para ser sus representantes oficiosos en Facebook, Twitter, Instagram? 

Hacen bien en preocuparse por el proyecto Mulder (mal hacen los medios en enfocar el tema desde la libertad de expresión cuando se trata de la débil llegada estatal para transmitir por sí mismo su propia información a nivel nacional), quizás regular sea más racional que eliminar la publicidad estatal de los medios: concurso supervisado, neutralidad, garantías de independencia, son criterios que podrían liberar a este vínculo entre el Estado y la prensa de cualquier suspicacia. 

Sin embargo, valga la crítica: los medios nunca se detuvieron a analizar los grandes cambios, para adaptarse y estar siempre un paso adelante, nunca atisbaron la posibilidad de un mundo adverso que colocará fuera de su marco la publicidad. Los que entendemos algo, sabemos que lo que sostiene a los medios no es la venta sino la publicidad privada y estatal; lo que para un país es vivir de un recurso natural específico que de pronto se puede agotar. Existen medios privados que tienen páginas web con millones de visitas, pero que no han logrado interesar con ese potencial extraordinario a las empresas privadas. Tampoco es para entusiasmarse, una estrella de la canción, un youtuber tan artesanal como prosaico u otros, pueden tener millones de visitas al mes y ser también espacio rentable, aunque universal, no podrían vender toda su publicidad en el Perú.

El proyecto Mulder debe regular puntos flacos y generar salvaguardas de independencia no solo a través de una prensa independiente, sino también de un Estado rigurosamente neutral. Un proceso transparente de convocatoria y concurso para el acceso de publicidad estatal prioritaria, puede ser más razonable que quitarla del todo. Si el objetivo fuera debilitar a un posible adversario mediático el 2021, entonces si hablaríamos de "libertad de expresión", porque queramoslo o no, los medios son parte del debate político, toman posición, tienen línea e influyen en una elección ¿Vamos también a impedir que los candidatos paguen publicidad en ellos? 

Al Estado, prudencia con este tema; pero a la prensa, las barbas en remojo.