En el Perú se puede ser liberal desde la quietud de una planilla, pero cuando tocas la calle y sabes ya lo que es tener a un familiar encima de una camilla en un pasadizo repleto, entonces el liberalismo se convierte en idealismo, en edad de piedra, en cojudez a la quinta, en candidez. Ya sueñas con entrevistar a Antauro, en antaurizarte, en darle de boquillazos al capitalista que la pasa bien a tus costas, al que te ninguneó en una oficina, al poderoso que se pavoneó indirectamente rebajándote y alzándote la voz. Entonces piensas que el poder tiene un fin supremo y que no lo puede tener cualquiera. Nunca te dediques a la política sin haber pasado primero por el servicio civil de la pobreza o de la necesidad.
Nueva visión

Sí, te jode que cualquiera sea político. Personajes sin formación (pero tienen DNI). Entonces te jode simular que eres civilizado, te jode la corrupción, te jode que los congresistas sean como las celebridades que ensayan sus sonrisas para las cámaras, pero que en persona te muestran sus peores gestos, sus peores caras, sus ideales desmentidos. Piensas en ellos, en los ricos que se hacen de la vista gorda, en los grandes jijunas gran p que huyen de los caídos en desgracia, de los amigos que se convierten en humo, de los que te olvidan como se olvidan las tumbas o los perros.

Pero tienes ideas e ideales y crees en la libertad, aún lees a los viejos filósofos políticos, aún crees en Locke, Mill y te sirves de Popper y Berlin para orientar la sesera. Aún crees que el poder es un sacerdocio y, por tal, delicado, selecto, exclusivo, como el exclusivo club de la bondad y el intelecto en una sola envoltura.

Difícil no ser liberal, pero en el infierno de una calle oscura, cuando eres víctima del capitalismo rudo que defiendes, fácil es dejar de serlo, como fácil es darle la contraria al que propugna con cálculo de pizarra, el despido arbitrario, el recorte de las pensiones, la reducción de las ayudas y el "todo a la M" de los que se la llevan fácil, de los que nunca serán despedidos, de los que siempre tendrán el contacto, de los que se bañan en piscina con vista, de los que empuñan con fuerza el timón del BMW.

Entonces se es liberal de una manera distinta, porque no se puede ser el mismo, nunca se vuelve, como en los versos "ni a las canciones ni a los perfumes ni a los tamaños". El liberalismo que se cierra al sufrimiento humano no sirve sino para el estrado, para la oratoria. El capitalismo que empodera a unos en desmedro de otros solo es una caricatura porque la economía ha de servir al hombre, pero nunca a la inversa. El hombre es un fin, seamos kantianos. 

La política no es para los engreídos o las engreídas, para los que les importa poco la suerte de los desvalidos, para los que no lloran sin simulacro por la desgracia de un viejo o un niño, para los que no la han pasado, para los que se toman fotos para su beatificación, para los que creen que el Perú es un botín. 

La política es república, ciudadanía, bien común. Sino lo entiendes, mejor dedícate a los negocios.